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sábado, 28 de enero de 2012

Como el Gran Poder fue a visitar a un hombre

Este relato no es una leyenda ni una tradición antigua, sino un suceso moderno, tanto que todavía hoy día, existen algunos de sus protagonistas.
En la primavera del año 1964, siendo arzobipo de Sevilla el cardenal Don José María Bueno Monreal, y obispo auxiliar Don José María Ciralda Lachiondo, se organizó una Santa Misión, con el fin de reavivar la religiosidad popular. Se programaron numerosos actos en todos los templos, predicaciones en los didstintos barrios, comuniones multitudinarias de enfermos, y en fin, Sevilla entera había de ser escenario de tan magnas celebraciones, en las cuales participaría activamente un centenar de religiosos y sacerdotes misioneros.


Ocurrió que la Hermandad del Gran Poder, como todas las demás. fue invitada a salir procesionalmente, y a tal efecto se bajó del altar la imagen del Señor, hermosísima escultura obra del insigne Juan de Mesa, orgullo del arte barroco, y estuvo expuesta a la veneración de los fieles en su templo de la Plaza de San Lorenzo.

Fotografía de Luis Arena

Y tras de permanecer un día en besamanos, se colocó en el paso de salida, el cual se exhornó con luces y flores, exactamente igual que en la Semana Santa, para hacer la procesión que se había preparado.


Había un cierto hombre, el cual tenía un taller mecánico por la barriada de Nervión. Este había sido en su infancia y en su juventud un muchacho piadoso, pero el paso de los años había ido entibiando su religiosidad hasta apartarle totalmente de la fe.


Encrontróse por aquellos días con el mayordomo del Gran Poder, antiguo amigo suyo, y el cual, que iba entusiasmado y enfervorizado porque había dejado momentos antes el paso del Señor ya preparado, dispuesto para salir a la calle, al encontrar a su amigo le dijo :
-¿ Por qué no te llegas a San Lorenzo para ver al Gran Poder ?. Hace mucho tiempo que no te veo por allí. Ahora que estamos en tiempo de Misiones, es una buena oportunidad para recobrar la devoción perdida. -¿ no ?-.
A lo que el otro le respondió airadamente:
-¿ Ir a ver al Gran Poder ?. ¡ Como que yo no tengo otras cosas más importantes que hacer !, ¡ pues no tengo yo trabajo y ocupaciones ! . ¿ Sebes lo que te digo ?. Que si el Señor del Gran Poder tiene interés en verme, ¡ que venga a mi casa ! -. Y enojado, se separó de su amigo sin despedirse.


Y en efecto, el hombre tuvo tantas ocupaciones durante el día que no fue a comer a su casa, sino que ya muy entrada la tarde fue cuando pudo regresar.


Ya hemos dicho que la Santa Misión se celebró en primavera y por ser época que en Sevilla el tiempo es inestable, existía el temor de que en cualquier momento se produciría algún aguacero que desluciera las solemnidades. Con tal de que no sea el domingo, que será el acto de clausura.
El acto de clausura estaba previsto que se celebraría en la Plaza de España, cerrando así unas demostraciones piadosas que habrían durado más de dos semanas.


Como todas las imágenes de mayor devoción están situadas en iglesias antíguas, a exepción de la del Tiro de Línea. La de San Sebastián, la del Tardón y la de San Bernardo, las demás están dentro del antíguo casco urbano. Resulta que los " berrios moderno, que en aquella época y por aquel entonces, eran lo Pajaritos, Pío XII, Amate, Torreblanca, el Polígono de San Pablo, y tantos otros permanencían marginados de las devociones cofradieras de la Sema Santa ".
( -Cosa que en nuestro días actuales, y me imagino que en aquella época tanpoco sería cierto del todo- ).


Por lo cual el señor Arzobíspo pensó que la Santa Misión sería una buena oportunidad para que las famosas imágenes de las principales cofradías fueran llevadas procesionalmente a barrios apartados, y a ser posible a sectores humildes, para avivar allí la religiosidad popular.


Por ese motivo la imagen del Señor del Gran Poder estaba ya puesta en su paso para salir, en dirección a la populosa barriada de Nervión.


Y en efecto, salió dirigiéndose por la ronda histórica a la Puerta de la Carne, y remontando trabajosamente el puente de San Bernardo, tomó cuesta arriba la avanida de Eduardo Dato. Ya a esa altura, el cielo se había encapotado tomando un color gris ceniciento amenazador.
A mitad de Eduardo Dato se encontraba ya la proseción cuando empezó a chispear.
-Aprisa, aprisa, antes de que empiece a llover de verdad.
-¿ Donde meteremos el paso para refugiarlo de la lluvia ?.
-En el Sanatorio de San Juan de Dios, replicó uno. -Rápido, rápido que nos mojamos, -dejen paso, por favor, aprisa, aprisa.


Apretaron el paso los costaleros, Los músicos iban tapando como podían los papeles de las partituras y los parches de los tambores. Los cirios del acompañamiento y las velas de las candelerías del paso ya se habían apagado con las primeras gotas.


Pero he aquí que al llegar ante el Sanatorio, puerto deseado, resultó que la puerta-cancela del Sanatorio, era demasiado estrecha y el paso no cabía a entrar.
Se formó otro revuelo y otro ataque de impotencia al ver el chorrear de las gotas del aguacero por las sufrientes mejillas del Señor del Gran Poder.
-Sigamos, pues, para arriba a la iglesia de Nervión.
Pero el agua arreciaba, llovía a cántaros, y para evitar el daño que pudría recibir la imagen, y el tesoro de todo el paso, alguien díjo :
-Meterlo aunque sea en un portal.
Y en efecto, en un portal grande que encontraron en el camino metieron el paso.
Y como el portal, aunque era grande, no tenía cabida para todo el acompañamiento, se produjo la desbandada. Cada acompañante huyó a refugiarse donde pudo, en los edificios inmediatos, en los bares del barrio, etc.. Y allí quedó el paso, con el solo acompañamiento de la pareja de guardias que lo escoltaban, y dos hermanos de la Junta de gobierno de la Hermandad, los cuales volvieron a encenderle las velas al paso. Despues se sentaron en los escalones de la escalera, para no separarse de su venerado titular.
Atardecía, más oscuro el día que lo acostumbrado por estar el cielo cubierto, y no cesaba de llover.

A esta hora, el hombre cerró su taller mecánico, y alzándose el cuello de la chaqueta para protegerse algo contra la lluvia, se dirigió a su casa.
Y de repente, al entrar en el portal, con el contraste de la más absoluta oscuridad, vio, a la luz de los cirios, la impresionante figura del Señor del Gran Poder, con la cruz a cuestas, y la dramática expresión del rostro, mirando hacia él fijamente.


El hombre sintió que se le aflojaban las piernas, y se le removían las entraña. Y recordó vividamente la frase que había pronunciado horas antes :
-Si el Señor del Gran Poder quiere verme, ¡ que venga él, a mi casa !.


Y allí estaba, en su casa, esperándole, el Señor del Gran Poder, con la cruz a cuestas, los pies sangrante, la cara sufriente y mansa, mirándole desde lo alto del paso, entre el resplandor amarillento de las velas.


Y así ocurrió, al presentarse la lluvia en la zona de Nervion y buscar refugio la hermandad precisamente en el establecimiento de este buen señor que  cayó a sus pies en milagrosa reconciliación con la imagen ) visitó la parroquia de San Benito , como prueba la imagen, al fondo se puede ver el rotulo de la calle San Benito donde esta la entrada principal de la Iglesia.-

1 comentario:

María - Santiago dijo...

Estupendo relato y magníficas fotos para enaltecerlo, si cabe. Saludos.

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